Vivir con colitis ulcerosa: causas, síntomas, diagnóstico, nuevos tratamientos y avances médicos

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La colitis ulcerosa es una enfermedad inflamatoria crónica del intestino grueso que afecta de forma directa a la mucosa del colon y condiciona la vida de miles de personas en España. Su diagnóstico suele producirse en edades jóvenes, lo que explica el impacto físico, emocional y social que genera a largo plazo.

En los últimos años, el conocimiento sobre la enfermedad ha avanzado de forma notable. Hoy disponemos de mejores herramientas diagnósticas, nuevos tratamientos y estrategias de seguimiento más eficaces, basadas en la evidencia científica y en la experiencia clínica de especialistas como el Dr. José Carlos Marín Gabriel.

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¿Qué es la colitis ulcerosa?

La colitis ulcerosa es una enfermedad inflamatoria crónica que afecta exclusivamente a la capa más interna del colon, conocida como mucosa. A diferencia de otras patologías inflamatorias intestinales, no compromete capas profundas ni otros segmentos del tubo digestivo.

Una de sus características más definitorias es el patrón continuo de la inflamación. Siempre comienza en el recto y progresa hacia arriba, pudiendo limitarse a esa zona o extenderse de forma progresiva a otros tramos del colon, incluso hasta afectar su totalidad.

Se trata de una enfermedad idiopática, lo que significa que no existe una causa única claramente identificada. La hipótesis más aceptada es la presencia de una respuesta inmunitaria exagerada frente a las bacterias normales del intestino en personas con predisposición genética, lo que provoca un daño persistente en la mucosa. Digamos que es como si el sistema de defensa del cuerpo «confundiera» a las bacterias buenas del intestino con un enemigo y atacara continuamente a la mucosa.



¿A quiénes afecta la colitis ulcerosa?

La colitis ulcerosa puede aparecer en cualquier momento de la vida, aunque presenta dos picos de incidencia bien definidos. El principal se sitúa entre los 15 y los 30 años, mientras que un segundo pico, menos frecuente, se observa entre los 50 y los 70 años.

No existen grandes diferencias entre hombres y mujeres, aunque algunos estudios apuntan a una ligera mayor prevalencia en el sexo masculino. 

Desde el punto de vista epidemiológico, la enfermedad es más frecuente en países desarrollados y en áreas urbanas. Este hecho sugiere que factores ambientales asociados al estilo de vida occidental desempeñan un papel relevante en su aparición y evolución.

Factores genéticos y ambientales: ¿la colitis ulcerosa es hereditaria?

Aunque existe un claro componente genético, la colitis ulcerosa no se considera una enfermedad hereditaria en sentido estricto. No sigue un patrón de transmisión directa de padres a hijos, lo que suele generar dudas entre los pacientes.

Los estudios genéticos han identificado numerosas regiones del genoma asociadas a la enfermedad. La historia familiar es el principal factor de riesgo independiente, ya que entre un 5 y un 15 % de los pacientes tiene un familiar de primer grado afectado.

En gemelos idénticos, la concordancia alcanza aproximadamente el 13 %, lo que demuestra que la genética es importante, pero insuficiente para explicar por sí sola el desarrollo de la enfermedad. Aquí entran en juego los factores ambientales.

El aumento de incidencia en países que adoptan estilos de vida occidentalizados ha puesto el foco en cambios dietéticos, uso frecuente de antibióticos, alteraciones de la microbiota intestinal y una mayor higiene en la infancia.

Durante años, el tabaco se interpretó como un factor con un efecto paradójico en la colitis ulcerosa. Estudios observacionales antiguos mostraron que la enfermedad era menos frecuente en fumadores activos y más habitual en exfumadores, lo que llevó a plantear un posible efecto protector de la nicotina. Esta hipótesis generó interés, pero nunca llegó a traducirse en una recomendación clínica.

La evidencia más reciente ha desmontado esta idea. El tabaquismo no reduce la frecuencia de brotes, no disminuye las hospitalizaciones ni mejora la evolución a largo plazo de la enfermedad. 

Además, fumar incrementa de forma significativa el riesgo de cáncer, enfermedades cardiovasculares y mortalidad global, por lo que sus efectos negativos superan con creces cualquier posible beneficio teórico.

Colitis ulcerosa
Úlceras y erosiones en la región ileocecal en un caso de colitis ulcerosa

Síntomas que deben hacernos sospechar de colitis ulcerosa

Los síntomas de la colitis ulcerosa dependen de la extensión y la actividad inflamatoria, pero existen signos característicos que deben alertar tanto a pacientes como a profesionales sanitarios.

La enfermedad suele manifestarse en forma de brotes, alternando periodos de actividad con fases de remisión completa. Durante los brotes, la sintomatología puede ser muy limitante y afectar de forma notable a la calidad de vida.

Diarrea con sangre: el signo de alarma principal

La diarrea con sangre persistente es el síntoma más característico y el principal marcador de alarma. En personas jóvenes, la presencia continuada de sangre mezclada con las heces obliga a descartar una colitis ulcerosa de forma prioritaria.

Urgencia defecatoria y tenesmo rectal

Muchos pacientes experimentan una necesidad imperiosa de acudir al baño de forma inmediata, conocida como urgencia defecatoria. Este síntoma puede resultar muy incapacitante en la vida laboral y social. El tenesmo rectal, que es la sensación de evacuación incompleta tras defecar, es también muy frecuente. 

Dolor abdominal y moco en las deposiciones

El dolor abdominal suele ser tipo cólico y se localiza preferentemente en el lado izquierdo. Su intensidad varía según la actividad inflamatoria. La presencia de moco en las heces es habitual durante los brotes y se asocia a la inflamación de la mucosa colónica.

Brotes y remisiones: cómo evoluciona la enfermedad

La colitis ulcerosa evoluciona en forma de brotes. Los periodos de actividad inflamatoria se alternan con fases de remisión en las que el paciente puede encontrarse completamente asintomático. Esta evolución impredecible obliga a un seguimiento estrecho, incluso cuando los síntomas desaparecen, para evitar recaídas y complicaciones a largo plazo.En el momento del diagnóstico, la mayoría de los pacientes presenta enfermedad leve o moderada. Menos del 10 % debuta con formas graves. A largo plazo, aproximadamente la mitad mantendrá síntomas leves o estará en remisión a los diez años, aunque alrededor de uno de cada cinco pacientes presenta actividad continua.

Paciente con colitis ulcerosa
Pseudopólipos en el colon de un paciente con colitis ulcerosa

Manifestaciones extraintestinales de la colitis ulcerosa

La colitis ulcerosa no afecta únicamente al intestino grueso, lo cual es un aspecto que muchos pacientes desconocen. Se trata de una enfermedad sistémica que puede provocar manifestaciones fuera del aparato digestivo, conocidas como manifestaciones extraintestinales.

Se estima que entre un 25 y un 40 % de los pacientes desarrollará alguna de estas complicaciones a lo largo de su vida. 

Afectación articular periférica y axial

La afectación articular es la manifestación extraintestinal más frecuente. Muchos pacientes refieren dolor, rigidez e inflamación en articulaciones periféricas como rodillas, tobillos o muñecas.

La espondilitis y la sacroileítis pueden evolucionar de forma independiente a la actividad intestinal, lo que complica su manejo y requiere seguimiento específico.

Lesiones cutáneas: eritema nodoso y pioderma gangrenoso

En la piel, el eritema nodoso es la lesión más habitual. Se manifiesta como nódulos rojizos y dolorosos, localizados sobre todo en las piernas, y suele coincidir con brotes intestinales.

El pioderma gangrenoso es menos frecuente, pero más grave. Se presenta como una úlcera cutánea dolorosa que progresa rápidamente y necesita tratamiento especializado.

Complicaciones oculares que pueden afectar a la visión

Los ojos también pueden verse afectados. La epiescleritis, la escleritis y la uveítis son complicaciones que requieren diagnóstico y tratamiento precoz. Si no se tratan adecuadamente, estas alteraciones pueden comprometer la visión. 

Colangitis esclerosante primaria y riesgo asociado

La colangitis esclerosante primaria es una enfermedad del hígado y de las vías biliares con una asociación especialmente estrecha con la colitis ulcerosa.

Los pacientes que presentan ambas patologías requieren un seguimiento más intensivo, ya que tienen un mayor riesgo de desarrollar cáncer colorrectal, incluso con inflamación intestinal bien controlada.

Colitis ulcerosa y el embarazo

La colitis ulcerosa se diagnostica con frecuencia en mujeres jóvenes, por lo que el embarazo es una preocupación habitual. Afortunadamente, la mayoría puede tener gestaciones normales si la enfermedad está bien controlada.

La fertilidad suele ser normal, aunque puede disminuir cuando la enfermedad está activa o en mujeres que han sido sometidas a cirugía con creación de un reservorio ileoanal.

El principal factor de riesgo durante el embarazo es la actividad inflamatoria. La enfermedad activa en el momento de la concepción o durante la gestación aumenta el riesgo de parto prematuro, bajo peso al nacer y abortos espontáneos.

Medicamentos seguros en el embarazo

En cuanto al tratamiento, los aminosalicilatos como la mesalazina son seguros durante el embarazo y la lactancia. Los corticoides pueden utilizarse cuando son necesarios, con una vigilancia adecuada.

Las tiopurinas (AZA y 6-MP) pueden mantenerse si el tratamiento ya estaba instaurado previamente, pero no se recomienda iniciarlas durante el embarazo. Los tratamientos biológicos actuales se consideran seguros y las guías aconsejan mantenerlos.

En relación con los tratamientos avanzados, los datos actuales son tranquilizadores. Los fármacos biológicos anti-TNF, como infliximab y adalimumab, así como vedolizumab y ustekinumab, se consideran seguros durante el embarazo y la lactancia. Las guías clínicas recomiendan mantener estos tratamientos, ya que suspenderlos aumenta de forma clara el riesgo de brotes, que supone un peligro mayor que cualquier riesgo teórico del fármaco.

Medicamentos contraindicados

Existen tratamientos que están claramente contraindicados en mujeres que desean quedarse embarazadas. Los inhibidores de JAK, como tofacitinib, upadacitinib o filgotinib, y los moduladores del receptor de esfingosina-1-fosfato, como ozanimod o etrasimod, deben suspenderse idealmente al menos un mes antes de intentar concebir. Estos fármacos interfieren en vías clave del sistema inmunitario y se han asociado a malformaciones embrio-fetales en estudios preclínicos.

Este escenario subraya la importancia de la planificación preconcepcional en la colitis ulcerosa. Cualquier mujer que desee embarazo debe consultar previamente con su gastroenterólogo para revisar el tratamiento y realizar los ajustes necesarios. Un abordaje planificado permite reducir riesgos, mantener la enfermedad controlada y favorecer un embarazo seguro.



Estrés y alimentación: desmontando mitos frecuentes

Uno de los mitos más extendidos es que el estrés causa colitis ulcerosa. La evidencia científica demuestra de forma clara que el estrés no origina la enfermedad.

Sin embargo, el estrés emocional o físico intenso puede actuar como desencadenante de brotes en personas que ya padecen la enfermedad. Es importante diferenciar entre causa y factor precipitante.

En cuanto a la dieta, no existe ningún alimento que cause o cure la colitis ulcerosa. Durante los brotes, algunos alimentos pueden empeorar los síntomas digestivos.

Durante un brote puede ser útil reducir temporalmente la ingesta de fibra, frutas y verduras crudas, legumbres, frutos secos y cereales integrales. Una vez controlados los síntomas, se recomienda reintroducirlos progresivamente. Esto con el fin de mejorar la salud gastrointestinal y la diversidad microbiana. 

El consumo elevado de carnes rojas, grasas saturadas, ultraprocesados y azúcares añadidos puede favorecer la inflamación y debe limitarse tanto en brotes como en remisión. Respecto a la lactosa, no existe una recomendación general de evitarla. 

La prevalencia de intolerancia a la lactosa en pacientes con colitis ulcerosa es similar a la de la población general y depende de factores genéticos y étnicos, no de la actividad inflamatoria. Eliminar productos lácteos sin motivo puede aumentar el riesgo de déficit de calcio y vitamina D, lo que incrementa la probabilidad de osteoporosis, ya de por sí más frecuente en estos pacientes.

En relación con el gluten, no hay evidencia científica que respalde su exclusión en ausencia de enfermedad celíaca. En general, no existen estudios robustos ni consensos definitivos que justifiquen restricciones dietéticas específicas en la colitis ulcerosa. La recomendación es seguir una alimentación equilibrada, limitar ultraprocesados, carnes rojas y grasas saturadas, y evitar restricciones innecesarias que puedan generar déficits nutricionales.

Tratamiento farmacológico de la colitis ulcerosa

El tratamiento de la colitis ulcerosa tiene como objetivo controlar la inflamación, inducir la remisión clínica y mantenerla a largo plazo, evitando complicaciones y mejorando la calidad de vida del paciente.

En las formas leves y moderadas, los aminosalicilatos, especialmente la mesalazina (también conocida como 5-ASA), siguen siendo el pilar fundamental del tratamiento. Su eficacia está bien demostrada tanto para inducir la remisión como para mantenerla en el tiempo, de acuerdo con la Sociedad Británica de Gastroenterología de 2025. 

La mesalazina puede administrarse por vía oral, tópica o combinada, según la extensión de la enfermedad. Su perfil de seguridad permite tratamientos prolongados, lo que resulta clave en una enfermedad crónica.

Los corticoides orales son muy eficaces para controlar los brotes moderados o graves, pero nunca deben utilizarse como tratamiento de mantenimiento. Su uso prolongado se asocia a efectos adversos importantes, por lo que se debe ser más críticos con el uso de estos.

Cuando un paciente necesita varios ciclos de corticoides al año o no consigue reducir la dosis sin recaer, se considera corticodependiente. En estos casos es imprescindible escalar el tratamiento a opciones más avanzadas.

La disponibilidad actual de múltiples alternativas terapéuticas permite evitar, en la mayoría de los casos, el uso prolongado de esteroides. Consiguiendo con ello reducir sus complicaciones y efectos adversos como: osteoporosis, diabetes, cataratas, entre otros.

Probióticos y colitis ulcerosa: ¿realmente funcionan?

El uso de probióticos en la colitis ulcerosa es una consulta muy frecuente en la práctica clínica. El interés de los pacientes se ve reforzado por un intenso marketing que no siempre se corresponde con la evidencia científica.

De forma general, los estudios disponibles muestran que la evidencia que respalda su uso es muy limitada. Las principales guías clínicas no recomiendan el uso rutinario de probióticos como tratamiento estándar.

Un caso particular es E. coli Nissle 1917, que mostró en algunos estudios una eficacia similar a la mesalazina para mantener la remisión en casos leves. Sin embargo, muchos de estos trabajos presentan limitaciones metodológicas.

Otra formulación ampliamente estudiada es VSL#3, empleada principalmente en la prevención de recaídas de la reservoritis tras inducir la remisión con antibióticos. Sin embargo, la interpretación de estos estudios requiere cautela. En muchos casos, VSL#3 no se comparó con antibióticos ni con tratamientos activos estándar, lo que limita la validez clínica de los resultados.

Además, existe un sesgo metodológico relevante conocido como sesgo del superviviente, ya que solo se incluyeron pacientes que previamente habían respondido al tratamiento antibiótico. 

Los primeros trabajos mostraron un efecto beneficioso muy llamativo, pero estos resultados no se han reproducido de forma consistente en la práctica clínica real. Todo ello ha generado una importante sospecha de sesgo de publicación, motivo por el cual las principales guías clínicas no recomiendan su uso rutinario.

Los probióticos comerciales habituales no han demostrado beneficio clínico relevante. Además, el término “probiótico” engloba cepas muy diferentes, cuyos efectos no son extrapolables entre sí.

El consejo más prudente es no gastar dinero esperando que los probióticos controlen la enfermedad ni retrasar tratamientos con eficacia demostrada.

Nuevos tratamientos y revolución terapéutica

En las últimas dos décadas, el tratamiento de la colitis ulcerosa ha experimentado una transformación profunda. La introducción del primer anti-TNF supuso un punto de inflexión en el manejo de la enfermedad moderada y grave.

En los últimos tres o cuatro años, la aparición de nuevos fármacos ha sido especialmente rápida. Las guías clínicas publicadas en 2025 recogen hasta seis terapias que no existían en versiones previas.

Actualmente disponemos de inhibidores JAK de administración oral, anticuerpos anti-interleucina 23 (como mirikizumab y risankizumab). Así como moduladores del receptor de esfingosina-1-fosfato (como ozanimod y etrasimod), lo que amplía de forma notable las opciones terapéuticas.

Entre estos tratamientos destaca upadacitinib, un inhibidor JAK que ha mostrado una alta magnitud de efecto en pacientes con colitis ulcerosa moderada-grave. Los estudios clínicos presentan un nivel de evidencia muy elevado, lo que ha llevado a que las guías británicas lo recomienden explícitamente, diferenciándolo de otros fármacos que solo se “sugieren” como opción terapéutica. 

Este detalle es relevante porque refleja un respaldo sólido según la metodología de las guías, aunque no implica que sea el tratamiento ideal para todos los pacientes, ya que la elección siempre debe individualizarse según la situación clínica y tolerancia de cada persona.

Tratamientos personalizados: no todos los pacientes son iguales

El futuro del tratamiento pasa por la personalización. Actualmente, la elección de un fármaco sigue siendo en parte un proceso de ensayo y error, lo que genera frustración en pacientes y profesionales.

La investigación se centra en identificar marcadores que permitan predecir la respuesta a cada tratamiento, optimizando resultados y reduciendo exposiciones innecesarias.



Avances más significativos en el diagnóstico y seguimiento de la colitis ulcerosa

El concepto de “treat-to-target” o «tratar hacia objetivo» ha cambiado de forma radical el seguimiento de la enfermedad. Ya no basta con que el paciente se sienta bien desde el punto de vista clínico.

El objetivo actual es lograr la curación mucosa, e incluso la remisión histológica, ya que los pacientes con inflamación microscópica residual presentan un mayor riesgo de recaída. Sin importar que endoscópicamente todo parezca normal. 

La calprotectina fecal se ha consolidado como un marcador no invasivo fundamental. Su medición permite detectar inflamación intestinal sin necesidad de realizar colonoscopias repetidas.

Un valor normal aporta tranquilidad clínica, mientras que valores elevados alertan de actividad inflamatoria incluso en ausencia de síntomas, permitiendo ajustes precoces del tratamiento.

 Líneas actuales de investigación ¿Qué esperar en los próximos años?

La investigación en colitis ulcerosa avanza en varias direcciones clave. Una de las más relevantes es la medicina personalizada, cuyo objetivo es identificar marcadores que permitan predecir qué pacientes responderán mejor a cada tratamiento.

Actualmente, la elección de terapias sigue siendo en parte un proceso de ensayo y error. Esto genera retrasos en el control de la enfermedad y exposición innecesaria a fármacos ineficaces en algunos pacientes.

También se estudian estrategias de tratamiento combinadas o secuenciales. Se investiga si inducir remisión con fármacos más potentes y mantenerla con opciones más seguras puede mejorar resultados a largo plazo.

El trasplante de microbiota fecal (TMF) continúa siendo un área de investigación prometedora en colitis ulcerosa, aunque los resultados obtenidos hasta ahora son heterogéneos. Algunos estudios muestran beneficios potenciales, especialmente en casos seleccionados, pero la falta de estandarización del procedimiento limita su aplicación clínica. Aún no se conoce con exactitud qué bacterias específicas son necesarias ni cómo debe prepararse correctamente la muestra para obtener un efecto consistente.

Por estas razones, el TMF se mantiene como tratamiento experimental y su uso se restringe a ensayos clínicos controlados, no estando recomendado fuera de este contexto. La evidencia actual es insuficiente para incluirlo como parte del manejo rutinario de la enfermedad, aunque los resultados preliminares animan a continuar investigando.

En general, la situación actual permite un optimismo prudente: la colitis ulcerosa sigue siendo una enfermedad crónica sin curación definitiva, pero las opciones terapéuticas disponibles son mucho más eficaces que hace una década y continuarán mejorando, ofreciendo mejores oportunidades de control y calidad de vida a los pacientes.

Cirugía en la colitis ulcerosa ¿cuándo está indicada y qué resultados esperar?

Aproximadamente entre un 20 y un 30 % de los pacientes con colitis ulcerosa necesitará cirugía en algún momento de su evolución. Es fundamental transmitir que la indicación quirúrgica no implica un fracaso del tratamiento médico, sino una decisión terapéutica adecuada cuando los medicamentos no logran controlar la enfermedad. 

Existen escenarios bien definidos en los que la cirugía se considera necesaria:

  • Indicaciones urgentes, como colitis fulminante refractaria al tratamiento intensivo, megacolon tóxico, perforación intestinal o hemorragia masiva no controlable.
  • Indicaciones electivas, que incluyen enfermedad refractaria a múltiples medicamentos, intolerancia grave a la medicación, presencia de displasia de alto grado o diagnóstico de cáncer colorrectal asociado.

La panproctocolectomía con reservorio ileoanal es la técnica quirúrgica estándar para pacientes con colitis ulcerosa que requieren intervención. Consiste en extirpar todo el colon y el recto y construir un reservorio o “bolsa” con el intestino delgado, lo que permite mantener la continencia fecal de forma funcional.

Los resultados a largo plazo son muy favorables. Estudios con seguimiento de hasta 30 años muestran que más del 93 % de los pacientes mantienen un reservorio funcionante, con una media de 5-6 deposiciones diarias y continencia superior al 90 %. Más del 90 % de los pacientes operados refieren buena calidad de vida, y más de la mitad reconoce que habría deseado operarse antes.

Una de las complicaciones más frecuentes es la reservoritis, que afecta hasta al 50 % de los pacientes, pero generalmente responde bien a tratamiento antibiótico. La cirugía sigue siendo una intervención que conlleva riesgos propios, pero, realizada en manos expertas y con indicación correcta, es una opción segura y efectiva para mejorar la calidad de vida.

Riesgo de cáncer colorrectal en la colitis ulcerosa

Es comprensible que los pacientes con colitis ulcerosa se preocupen por el riesgo de cáncer colorrectal. Este riesgo está aumentado en quienes presentan la enfermedad de larga evolución, aunque ha disminuido de forma significativa en las últimas décadas. 

Esta mejora se debe principalmente a un mejor control de la inflamación intestinal y a programas de vigilancia más eficaces, que permiten detectar displasia premaligna antes de que progrese a cáncer.

El riesgo no es uniforme y depende de varios factores. La extensión de la enfermedad y el tiempo de evolución son determinantes: los pacientes con pancolitis, donde todo el colon está afectado, presentan un riesgo hasta 15 veces superior al de la población general. En cambio, aquellos con proctitis aislada, limitada al recto, prácticamente no tienen un riesgo adicional.

Otros factores que incrementan la probabilidad de cáncer incluyen la inflamación grave mantenida, antecedentes familiares de cáncer colorrectal, la presencia de estenosis intestinal y, especialmente, la colangitis esclerosante primaria asociada, una enfermedad hepática que cursa con estrecheces en los conductos biliares. La combinación de varios de estos factores exige un seguimiento más estrecho y personalizado.

Programas de vigilancia y detección precoz

Las Guías de Práctica Clínica recomiendan que todos los pacientes con colitis ulcerosa se sometan a una colonoscopia de cribado a los 8 años del inicio de los síntomas. Esta exploración permite evaluar la extensión real de la enfermedad y descartar la presencia de displasia, que podría evolucionar a cáncer colorrectal si no se detecta a tiempo.

A partir de esta colonoscopia inicial, la frecuencia de vigilancia se adapta según el perfil de riesgo del paciente. Los pacientes de alto riesgo deben realizar controles anuales; los de riesgo intermedio, cada 2-3 años; y los de bajo riesgo, aproximadamente cada 5 años. 

Los pacientes con colangitis esclerosante primaria constituyen un grupo especial. En estos casos, la vigilancia debe iniciarse desde el momento del diagnóstico hepático, independientemente del tiempo de evolución de la colitis ulcerosa, debido al riesgo significativamente mayor de displasia y cáncer colorrectal.

Un aspecto técnico clave es que estas colonoscopias se realicen preferiblemente con cromoendoscopia, una técnica que tiñe la mucosa y permite identificar lesiones planas que podrían pasar desapercibidas con la endoscopia convencional. 

Además, las exploraciones siempre deben realizarse cuando la enfermedad está en remisión, ya que la inflamación activa puede dificultar la interpretación. Si se detecta displasia, las opciones incluyen desde la resección endoscópica de lesiones localizadas hasta cirugía en casos de displasia de alto grado o multifocal, siendo esencial que el paciente no abandone el programa de seguimiento.

Hábitos diarios que ayudan a controlar la enfermedad

El manejo de la colitis ulcerosa no se limita a los medicamentos. La adherencia al tratamiento es esencial; interrumpir la medicación cuando el paciente se encuentra bien es un erro. Esto es grave, ya que el tratamiento de mantenimiento aumenta previene las recaídas y complicaciones. 

Además, ciertos hábitos cotidianos pueden favorecer el bienestar general y la estabilidad de la enfermedad. Algunos hábitos recomendables incluyen:

  • No fumar: los estudios muestran que el tabaco no reduce la frecuencia de brotes, hospitalizaciones, colectomías ni la necesidad de inmunosupresores, y aumenta otros riesgos de salud.
  • Ejercicio físico moderado: ayuda a mantener un buen estado general y puede mejorar el bienestar emocional.
  • Alimentación equilibrada: durante los brotes puede ser útil una dieta baja en residuos, pero no se necesitan dietas restrictivas. Mantener un buen estado nutricional es clave.
  • Consumo moderado o nulo de alcohol: el alcohol no aporta beneficios clínicos y puede empeorar algunos síntomas digestivos.
  • Gestión del estrés y salud mental: aunque el estrés no causa colitis ulcerosa, puede precipitar brotes en personas susceptibles. La ansiedad, depresión e insomnio se asocian con mayor actividad inflamatoria y peor calidad de vida.

Mantener estos hábitos de forma constante contribuye a un mejor control de la enfermedad y a una vida más activa y saludable. 

Señales de alarma que requieren atención urgente

Existen síntomas que requieren atención médica inmediata, ya que pueden indicar una colitis ulcerosa aguda grave, una complicación que necesita hospitalización y tratamiento intensivo. Reconocerlos a tiempo puede prevenir complicaciones graves e incluso la necesidad de cirugía.

Entre los signos de alarma más relevantes destacan:

  • Sangrado abundante o continuo, especialmente si se acompaña de mareos, debilidad o anemia importante.
  • Fiebre alta superior a 38 °C.
  • Taquicardia marcada, por encima de 90 latidos por minuto.
  • Más de seis deposiciones diarias, con aumento brusco de la frecuencia habitual.
  • Dolor abdominal intenso o distensión súbita, distinto al dolor habitual, que podría indicar megacolon tóxico, perforación u otras complicaciones graves.
  • Aumento importante de marcadores de inflamación en sangre.

Estos episodios representan una emergencia médica, que requiere tratamiento intravenoso y, en algunos casos, cirugía urgente. Aproximadamente un 20 % de los pacientes ingresados por colitis aguda grave acaban necesitando colectomía durante el ingreso. Aunque la tasa global de cirugía ha disminuido gracias al mejor control médico, la necesidad de cirugía urgente en brotes graves no ha mostrado reducción significativa en las últimas décadas.

Convivir con colitis ulcerosa con mayor control y calidad de vida

La colitis ulcerosa es una enfermedad crónica, pero hoy la mayoría de los pacientes puede llevar una vida prácticamente normal con el tratamiento adecuado. Incluso aquellos que requieren cirugía reportan buena calidad de vida: más del 90 % de los pacientes operados refieren satisfacción funcional y bienestar tras la intervención.

Es fundamental establecer una relación de confianza con el equipo médico. Preguntar, expresar dudas y participar activamente en las decisiones terapéuticas permite que el paciente se sienta más seguro y mejore su autocuidado. 

El apoyo de asociaciones de pacientes y el contacto con otras personas en la misma situación aporta un valor emocional importante. No normalizar los síntomas y consultar ante cualquier cambio sigue siendo una de las herramientas más eficaces para mantener la enfermedad controlada.


Preguntas frecuentes sobre colitis ulcerosa

1. ¿La colitis ulcerosa puede aparecer en cualquier parte del colon?

Sí, aunque siempre comienza en el recto y progresa de forma continua hacia arriba. Puede afectar solo una parte del colon o su totalidad, dependiendo de la extensión de la enfermedad.

2. ¿Qué es la reservoritis y por qué ocurre?

La reservoritis es la inflamación del reservorio ileoanal tras la cirugía. Afecta hasta al 50 % de los pacientes, pero suele responder bien a antibióticos y no impide mantener buena calidad de vida.

3. ¿Existen situaciones en las que la colitis ulcerosa evoluciona de forma independiente de los brotes intestinales?

Sí, algunas manifestaciones extraintestinales, como la espondilitis o sacroileítis, pueden progresar independientemente de la actividad intestinal, requiriendo seguimiento especializado por reumatología.

4. ¿Es cierto que el tabaco protege frente a la colitis ulcerosa?

No de forma práctica. Aunque estudios antiguos mostraban menor incidencia en fumadores, fumar no reduce brotes ni hospitalizaciones, y sus riesgos superan cualquier posible efecto protector.

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