Intestino permeable: ¿existe? La evidencia científica

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Síndrome de intestino permeable: qué dice la evidencia sobre sus síntomas, sus pruebas y por qué la permeabilidad también se observa en personas sanas.

En breve

El «síndrome de intestino permeable» no es un diagnóstico médico reconocido. El intestino es permeable por naturaleza, y una permeabilidad transitoriamente aumentada también aparece en personas sanas.

No existe una prueba validada que confirme el síndrome ni un tratamiento con evidencia sólida. Sus síntomas son inespecíficos y coinciden con trastornos digestivos frecuentes que sí conviene evaluar.

En el mundo de la salud digestiva hay conceptos y términos que van y vienen. Uno de ellos lleva generando mucho debate desde hace varios años y ha ganado especial atención entre los entusiastas de la mal llamada «medicina natural»: el «síndrome de intestino permeable». Sus defensores sostienen que puede ser la causa subyacente de una amplia gama de problemas de salud, mientras que un segmento mayoritario de profesionales lo considera un concepto sin fundamentos científicos sólidos.

En este artículo podrá explorar este controvertido tema desde distintas perspectivas y le expondremos las evidencias científicas disponibles para valorar si el síndrome de intestino permeable realmente existe. La intención es aportarle un punto de vista crítico, con especial atención a un dato que suele pasarse por alto: la permeabilidad intestinal aumentada también se documenta en personas completamente sanas.

Le puede pasar a usted

El síndrome de intestino permeable está tan en boga que hasta algunos auxiliares de farmacia se aventuran a diagnosticarlo y tratarlo sobre la marcha en los mostradores. Lo que le cuento a continuación es completamente real.

Uno de mis familiares más cercanos padece migraña con cierta frecuencia. Todo un incordio, que además cursa con clínica digestiva que no le permite ni siquiera tomar pastillas para tratar su dolor de cabeza. Necesita, por tanto, medicaciones que no se administren por vía oral. Recientemente, su neurólogo le pautó un antimigrañoso inyectable. Y usted se preguntará: ¿qué tiene que ver esto con el intestino permeable? Siga leyendo.

Mi familiar acudió un buen día a la farmacia a por las jeringas de su tratamiento. La persona que la atendió en el mostrador, tras darle la medicación, comenzó a interrogarla. «¿No tendrás también molestias de estómago asociadas a la migraña?», le dice. «¡Para nada!, mi aparato digestivo va perfecto», respondió ella.

La auxiliar insistió en diagnosticarle un «intestino permeable». «Verás», continuó, «no es raro que los dolores de cabeza se deban a problemas gastrointestinales. Se trata de un trastorno que hace que las toxinas pasen del tubo digestivo a la sangre, y esa puede ser la causa de los dolores de cabeza. Mejoran mucho con probióticos. Puedo recomendarte alguno».

No hizo la venta. No era un negocio fácil de cerrar. La paciente, mi familiar, no tenía ningún otro problema crónico distinto de la migraña de años de evolución. No mordió el anzuelo. Pero podría haber sido una venta fácil. Las alteraciones funcionales digestivas son muy frecuentes y, por tanto, tener cefaleas y molestias de estómago son síntomas que se asocian con facilidad. Lo que no quiere decir, en absoluto, que unos sean la causa de los otros.

Pues bien, ambos síntomas forman parte, según quienes respaldan su existencia, del espectro del síndrome de intestino permeable, al igual que otros muchos síntomas inespecíficos y muy frecuentes en la población.

¿Qué es el síndrome de intestino permeable?

Una observación importante antes de seguir: la barrera intestinal no es completamente impermeable. El intestino es permeable por propia naturaleza. De otro modo, no sería posible absorber los nutrientes. Conviene por tanto distinguir la permeabilidad intestinal (un fenómeno fisiológico, medible y variable) del supuesto «síndrome» que se le atribuye.

¿A qué se refiere entonces el término «síndrome de intestino permeable»? A una teórica condición en la que las uniones estrechas entre las células del revestimiento intestinal se vuelven más laxas de lo normal. Esa especie de puentes entre una célula y la contigua estarían dañados, permitiendo un distanciamiento entre ambas.

La hipótesis que se maneja es la siguiente: tanto las toxinas como algunas bacterias del propio intestino que van pasando por el tubo digestivo podrían atravesar la barrera entre las células y entrar en el torrente sanguíneo. Esto desencadenaría una respuesta inflamatoria y causaría una serie de síntomas relacionados con esa alteración de la permeabilidad. El modelo, revisado en profundidad por Camilleri en la revista Gut, es intuitivo, pero, como veremos, la evidencia que lo sostiene como enfermedad es débil.

Los síntomas atribuidos al síndrome de intestino permeable

Según algunos de sus defensores, los síntomas pueden variar desde el malestar digestivo (distensión abdominal, retortijones y diarrea) hasta problemas de salud más relevantes, como alergias, enfermedades autoinmunes o trastornos del estado de ánimo, además de cansancio y malestar general.

Sin embargo, como podrá observar, estos síntomas son inespecíficos y pueden estar presentes en multitud de problemas de salud. Además, los estudios científicos han mostrado resultados divergentes en cuanto a la relación entre la permeabilidad intestinal aumentada y estos síntomas.

Lo que se afirmaLo que muestra la evidencia
Es una enfermedad que causa múltiples problemas de saludNo es un diagnóstico reconocido ni tiene criterios definidos
Se diagnostica con la prueba de orina lactulosa/manitol u otrasNo hay prueba validada; lactulosa y manitol tienen tamaños similares y probablemente cruzan igual
Solo aparece en personas enfermasUna permeabilidad aumentada y transitoria también aparece en personas sanas
Se corrige con probióticos, suplementos o dietas concretasNingún tratamiento ha demostrado beneficio con evidencia sólida
La permeabilidad alterada es la causa de los síntomasSuele ser un efecto secundario de otros procesos, no su causa

Elaboración propia a partir de las revisiones de Camilleri (Gut, 2019 y 2022) y Odenwald y Turner (Nat Rev Gastroenterol Hepatol, 2017).

¿LE HAN HABLADO DE «INTESTINO PERMEABLE» Y QUIERE SABER QUÉ HAY DE CIERTO?

El «síndrome de intestino permeable» no es un diagnóstico validado, pero sus síntomas sí son reales. Lo importante no es la etiqueta: es descartar la causa de verdad.

Distensión, molestias, cansancio o alteraciones del ritmo intestinal merecen una explicación seria, no una etiqueta de mostrador ni una dieta «por si acaso». Autodiagnosticarse un intestino permeable puede retrasar el diagnóstico de un problema que sí tiene criterios y tratamiento. En consulta reorientamos el problema y adecuamos qué conviene realmente hacer.

100 %
El «signo de fuga» apareció también en el 100 % de voluntarios sanos (Gastroenterology, 2026)
42 % vs 36 %
Dieta de exclusión personalizada frente a placebo: sin diferencia significativa
0 validadas
Pruebas y tratamientos con evidencia sólida que confirmen o curen el «síndrome»

Consulte a un especialista, no a un mostrador, si tiene pérdida de peso no buscada, sangre en las heces, anemia sin explicación, diarrea persistente (sobre todo nocturna), antecedentes familiares de celiaquía, enfermedad inflamatoria o cáncer digestivo, o síntomas que empiezan después de los 50 años.

  • No partimos de la etiqueta, buscamos la causa: descartamos primero lo que sí tiene criterios definidos —enfermedad celíaca, infección por Helicobacter pylori, enfermedad inflamatoria intestinal u otras causas reales de malabsorción— antes de atribuir nada a la permeabilidad.
  • Evitamos dietas restrictivas sin indicación: retirar gluten o FODMAP «por si acaso» tiene un coste nutricional y social real y, con frecuencia, ningún beneficio demostrado. Si procede una pauta, la guía un profesional.
  • Reorientamos el problema y adecuamos el tratamiento: si tras el estudio se trata de un trastorno funcional, lo abordamos con lo que sí tiene evidencia, sin suplementos ni «reparadores» de la barrera que no han demostrado beneficio.

Esta sección es informativa y no sustituye la valoración clínica individual ni la relación médico-paciente. Siga siempre las instrucciones concretas que le facilite su especialista.

¿Se puede diagnosticar con alguna prueba?

Aunque existe un creciente interés en el síndrome de intestino permeable, actualmente no hay pruebas diagnósticas estandarizadas y validadas para confirmar su existencia. Algunos profesionales solicitan análisis de laboratorio para medir la permeabilidad intestinal, pero la interpretación de esos resultados es complicada y su utilidad clínica sigue siendo objeto de debate, tal y como resumen Camilleri y Vella en su revisión de 2022.

La falta de pruebas fiables dificulta el diagnóstico. Y es que, si no puede probar que existe una enfermedad con una prueba validada, no puede demostrar siquiera que tal enfermedad exista. ¿Se imagina intentar diagnosticar una apendicitis y que una ecografía o un escáner no pudieran detectar la inflamación del apéndice de manera reproducible? Muchas personas se operarían sin necesidad y otras tantas acabarían en su casa con una perforación.

Para que se haga una idea de lo inconsistente de las pruebas que se emplean, veamos qué sucede con una de las más usadas: la excreción fraccionada en orina de lactulosa/manitol.

¿En qué se basa esta prueba? Se creía que la lactulosa, una molécula grande, solo podría pasar a través de fugas o áreas dañadas del revestimiento intestinal, y se consideraba un indicador de la salud de la barrera. Por otro lado, se pensaba que el manitol, más pequeño, pasaba a través de pequeños poros que permiten el paso de sustancias como el agua y los iones de sodio. Se asumía, por tanto, que la proporción entre ambos podría indicar un daño del revestimiento intestinal.

Sin embargo, al revisar los tamaños moleculares de los azúcares empleados, no parece haber una diferencia relevante entre la lactulosa y el manitol, lo que sugiere que probablemente ambos atraviesan el intestino de la misma manera y no por vías distintas. El fundamento teórico de la prueba, por tanto, se tambalea.

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Esta evaluación es orientativa y solo tiene finalidad informativa. El resultado está basado en las respuestas que usted nos facilita y no sustituye la relación médico-paciente, ni la valoración clínica o las pruebas diagnósticas que pueda requerir. ICAdig no puede garantizar la adecuación del resultado a su situación individual sin una consulta médica.

Qué muestra un ensayo de 2026: la «permeabilidad» también aparece en personas sanas

En 2026, el grupo de la Universidad de Lovaina dirigido por Jan Tack publicó en la revista Gastroenterology el primer ensayo aleatorizado, doble ciego y cruzado que puso a prueba una de las ideas más citadas para respaldar las dietas de exclusión: que es posible «ver» en directo cómo ciertos alimentos dañan la mucosa intestinal y, a partir de ahí, personalizar la dieta. Para ello utilizaron la endomicroscopía láser confocal, una técnica que permite observar la mucosa del duodeno con gran aumento durante la propia endoscopia.

Tras administrar distintos alimentos, los investigadores registraban las alteraciones agudas de la mucosa (entre ellas, la fuga de un contraste fluorescente hacia el interior del intestino, que en trabajos anteriores se había interpretado como un signo de permeabilidad aumentada). Después, cada paciente seguía dos dietas: una que excluía los alimentos «reactivos» (dieta orientada) y otra que excluía alimentos a los que el intestino “no había reaccionado” (dieta simulada o placebo). Por supuesto, los pacientes no sabían en qué momento estaban realizando la “dieta orientada” o la dieta placebo.

Los resultados son reveladores. Las alteraciones agudas de la mucosa aparecieron en el 100 % de las exploraciones de los pacientes con síndrome del intestino irritable. Lo más curioso fue que, en 15 voluntarios sanos, sin síntomas ni enfermedad digestiva, se observaron exactamente las mismas alteraciones, también en el 100 % de los casos. Es decir, ese «signo de fuga» que se atribuía a un intestino enfermo estaba igual de presente en personas completamente sanas.

Hay más. Cuando midieron la permeabilidad de forma funcional tras las reacciones (mediante la resistencia eléctrica del tejido), no encontraron ningún cambio respecto al estado basal, ni signos de activación de las células inmunitarias (mastocitos o eosinófilos). Y la dieta personalizada no fue mejor que la simulada: respondió el 42 % con la dieta real frente al 36 % con el placebo, una diferencia que no es significativa. El ensayo se detuvo antes de tiempo por futilidad, es decir, porque la técnica no acertaba con los alimentos culpables (sensibilidad y especificidad del 54 %, poco más que lanzar una moneda).

Aspecto evaluadoResultado
Alteraciones agudas de la mucosa tras el alimento (pacientes con SII)En el 100 % de las exploraciones
Las mismas alteraciones en voluntarios sanosEn el 100 % de las exploraciones (15 de 15)
Permeabilidad funcional medida tras la reacciónSin cambios respecto al estado basal
Dieta personalizada frente a dieta simulada (respondedores)42 % frente a 36 % (sin diferencia)
Acierto de la técnica con los alimentos «culpables»Sensibilidad y especificidad del 54 %

*Datos del ensayo aleatorizado, doble ciego y cruzado de Balsiger y cols., Gastroenterology, 2026.

La lectura crítica de esta última publicación va en dos direcciones. El ensayo tiene limitaciones que conviene conocer y que sus propios autores reconocen: el número de participantes fue pequeño (31 completaron el estudio) y se detuvo pronto, por lo que su potencia estadística es limitada; los alimentos se administraron crudos y directamente en el duodeno, saltándose el ácido del estómago, algo que no reproduce cómo comemos en la vida real; no todos los pacientes probaron todos los alimentos; y cuatro semanas de dieta podrían ser pocas. Nada de esto es menor.

Ahora bien, ninguna de esas limitaciones explica el hallazgo central: si un mismo «signo de permeabilidad» aparece en el 100 % de las personas sanas, ese signo no puede servir para etiquetar a nadie de enfermo. Lo más razonable, como concluyen los autores, es que esas alteraciones reflejen una reacción fisiológica e inespecífica de la mucosa al contacto con la comida (o al propio roce del procedimiento), no una enfermedad. Es exactamente el tipo de matiz que se pierde cuando un concepto se populariza más deprisa de lo que la ciencia lo confirma.

Conviene añadir que la fiabilidad de la técnica para identificar estas reacciones se había validado antes en un estudio multicéntrico internacional, con buena concordancia entre observadores. Es decir, el resultado negativo no se explica por una lectura poco reproducible de las imágenes, sino por lo que las imágenes realmente significan.

Merece una aclaración de rigor: este ensayo no estudió directamente el «síndrome de intestino permeable» tal y como se vende en redes ni la clásica prueba de lactulosa/manitol. Analizó una técnica concreta (la endomicroscopía) y las dietas de exclusión guiadas por ella. Pero refuerza dos ideas de fondo de este artículo: que los marcadores de «fuga» intestinal son poco específicos y aparecen también en sanos, y que excluir alimentos a partir de esas señales no aporta beneficio frente a un placebo.

Cómo lo abordamos en ICAdig

Ante síntomas digestivos persistentes no partimos de un «diagnóstico» de intestino permeable. Primero descartamos causas con criterios definidos (enfermedad celíaca, infección por Helicobacter pylori, enfermedad inflamatoria intestinal u otras causas reales de malabsorción) y solo después valoramos un trastorno funcional.

Evitamos las dietas restrictivas sin indicación: retirar grupos de alimentos «por si acaso» tiene un coste nutricional y social real y, con frecuencia, ningún beneficio demostrado.

¿Existe un tratamiento con respaldo científico?

Dado que la existencia misma del síndrome de intestino permeable sigue en controversia, las pautas que se recomiendan como supuesto tratamiento son variadas y no hay ningún consenso.

Algunos defensores sugieren adoptar una dieta específica, como la dieta sin gluten o la dieta baja en FODMAP, mientras que otros abogan por la suplementación con ciertos nutrientes (fibra, zinc, vitamina D o ácidos grasos omega-3) o por probióticos (el objetivo de venta de la auxiliar de farmacia del principio). La efectividad de cualquiera de estas pautas no está respaldada por evidencia científica sólida. En el caso concreto de retirar el gluten sin una indicación médica, además, puede haber un coste: lo desarrollamos en nuestro artículo sobre la dieta sin gluten en personas sanas.

Perspectiva crítica y pruebas científicas

A pesar de la popularidad del concepto, conviene mantener una perspectiva crítica y basada en pruebas científicas rigurosas. Varios estudios han cuestionado la existencia de este síndrome y han encontrado que la mayoría de las afirmaciones carecen de apoyo científico sólido. La literatura médica actual sugiere que la permeabilidad intestinal aumentada es un fenómeno normal y transitorio en ciertas situaciones (como las infecciones intestinales agudas), pero no indica necesariamente una afección crónica y generalizada.

Además, muchos de los estudios citados para respaldar la existencia del síndrome presentan limitaciones de diseño significativas, como tamaños de muestra pequeños o ausencia de grupos de control adecuados. Según diferentes investigaciones, recogidas por Odenwald y Turner, nos encontramos con varios problemas a la hora de diagnosticar esta entidad:

  • En primer lugar, los cambios en la permeabilidad pueden ser simplemente un efecto secundario de otros problemas. Por ejemplo, cualquier proceso inflamatorio puede afectar a la barrera intestinal. Lo mismo sucede con otros factores, como los alimentos que comemos o sustancias presentes en el intestino, como los ácidos biliares, que pueden influir en las uniones entre células.
  • En segundo lugar, aunque es posible que los alérgenos, el estrés y la actividad física puedan afectar a la barrera intestinal, aún no sabemos exactamente cómo esto podría causar problemas de salud.
  • En tercer lugar, tener una barrera intestinal alterada no es suficiente para causar enfermedades en los modelos animales de laboratorio.
  • Por último, una permeabilidad aumentada podría no ser siempre perjudicial, y todavía no hay pruebas suficientes de que modificar la permeabilidad cambie el curso natural de una enfermedad.

Cuándo conviene consultar a un especialista

El problema de autodiagnosticarse un «intestino permeable» no es solo que se trate de una etiqueta sin respaldo: es que puede retrasar el diagnóstico de un problema real. Los síntomas que se le atribuyen coinciden con los de enfermedades que sí tienen criterios y tratamiento. Conviene acudir a un profesional, y no a un mostrador, si presenta:

  • Pérdida de peso no buscada, fiebre o sudoración nocturna.
  • Sangre en las heces o heces negras.
  • Anemia o alteraciones analíticas sin explicación.
  • Diarrea persistente, sobre todo si le despierta por la noche.
  • Antecedentes familiares de enfermedad celíaca, enfermedad inflamatoria intestinal o cáncer digestivo.
  • Síntomas que empiezan después de los 50 años.

Cualquiera de estas situaciones merece una evaluación por un digestólogo, que valorará si procede descartar una enfermedad celíaca, una infección por Helicobacter pylori o una enfermedad de Crohn, entre otras causas, antes de atribuir nada a la permeabilidad intestinal. Y, sobre todo, evite la automedicación guiada por un mostrador: incluso fármacos tan comunes como el omeprazol conviene usarlos con criterio, como explicamos en nuestra guía sobre el omeprazol y sus alternativas.

Lo que debe recordar

En resumen, el síndrome de intestino permeable sigue generando un intenso debate. Aunque algunos defensores sugieren que puede ser la causa de una amplia gama de problemas de salud, la evidencia científica actual no respalda de forma concluyente su existencia como entidad clínica bien definida. Los síntomas que se le atribuyen son inespecíficos y pueden estar presentes en otros problemas médicos, mientras que las pruebas diagnósticas y los enfoques de tratamiento carecen de consenso y de pruebas sólidas a su favor.

La imagen mental que crea esta supuesta enfermedad es muy clara y se explica con facilidad. Casi puede ver, con total nitidez, las células del intestino y sus uniones «rotas» con la célula de al lado. Sucede siempre con los modelos «mecanicistas» de las enfermedades: le dan sentido al problema que se pretende resolver. Sin embargo, hay que demostrar tanto su existencia como las mejorías asociadas al tratamiento mediante experimentos rigurosos. No podemos fundar nuevo conocimiento sobre arenas movedizas, y el ensayo de 2026 comentado más arriba es un buen ejemplo de lo que ocurre cuando se somete la hipótesis a una prueba estricta.

Y respecto al tratamiento: cualquier suplemento o nutriente empleado para tratar esta entidad, cuya mera existencia sigue en debate, debería demostrar tanto una asociación causal con la mejoría o la restauración de las barreras intercelulares como resultados relevantes para la salud de los pacientes. Si tiene molestias digestivas persistentes, lo más útil es una valoración por un especialista: puede conocer a nuestro equipo en la página de nuestros médicos, pedir una cita a través de nuestras consultas o consultar el resto de temas en nuestro blog.

Preguntas frecuentes

¿Existe el síndrome de intestino permeable?

No como enfermedad reconocida. El intestino es permeable por naturaleza, pero el «síndrome de intestino permeable» carece de criterios diagnósticos definidos, de una prueba validada que lo confirme y de tratamientos con evidencia sólida. La literatura médica actual no respalda su existencia como entidad clínica bien definida, aunque el debate continúa.

¿El intestino permeable se cura con probióticos?

No hay evidencia sólida de que los probióticos, los suplementos o las dietas concretas «reparen» la permeabilidad ni mejoren la salud por esa vía. Es, de hecho, uno de los productos que más se ofrecen sin respaldo. Antes de comprar nada, conviene descartar causas reales de los síntomas con un especialista.

¿Qué síntomas se atribuyen al intestino permeable?

Se le atribuyen síntomas como distensión abdominal, retortijones, diarrea, cansancio, dolor de cabeza y malestar general, además de alergias o enfermedades autoinmunes. El problema es que son síntomas muy inespecíficos: aparecen en numerosas enfermedades y en trastornos digestivos funcionales frecuentes, por lo que no permiten atribuir la causa a la permeabilidad.

¿Sirve la prueba de lactulosa/manitol para diagnosticarlo?

Su fundamento es discutible. Se asumía que la lactulosa (grande) y el manitol (pequeño) cruzaban el intestino por vías distintas, pero sus tamaños moleculares son similares y probablemente lo atraviesan de la misma manera. No existe una prueba estandarizada y validada que confirme el síndrome, por lo que su utilidad clínica sigue en debate.

¿La permeabilidad intestinal aumentada aparece también en personas sanas?

Sí. Un ensayo publicado en Gastroenterology en 2026 observó, mediante endomicroscopía, alteraciones agudas de la mucosa (el «signo de fuga») en el 100 % de los voluntarios sanos, igual que en los pacientes. Además, una permeabilidad aumentada y transitoria es normal en situaciones como las infecciones intestinales agudas. Que aparezca no significa enfermedad.

¿Es lo mismo el intestino permeable que el síndrome del intestino irritable?

No. El síndrome del intestino irritable es un trastorno funcional reconocido, con criterios diagnósticos y abordajes con evidencia. El «intestino permeable» es un concepto sin validar que a veces se usa como explicación para síntomas parecidos. Confundirlos puede llevar a tratamientos innecesarios y a retrasar el manejo correcto del problema real.

¿Debo dejar el gluten o los FODMAP si sospecho intestino permeable?

No por su cuenta. Retirar grupos de alimentos sin indicación tiene coste nutricional y no ha demostrado corregir la permeabilidad. La dieta baja en FODMAP puede ayudar en el síndrome del intestino irritable, pero debe guiarla un profesional. Dejar el gluten sin diagnóstico, además, dificulta después detectar una enfermedad celíaca.

Referencias bibliográficas

Las afirmaciones sobre la permeabilidad intestinal, sus pruebas diagnósticas, las dietas de exclusión guiadas por endomicroscopía y la ausencia de tratamientos validados recogidas en este artículo se basan en la siguiente evidencia científica:

  1. Balsiger LM, Schol J, Raymenants K, et al. Individualized targeted exclusion diet based on confocal laser endomicroscopy does not improve irritable bowel syndrome symptoms: a randomized controlled crossover trial. Gastroenterology. 2026. doi:10.1053/j.gastro.2026.08.026. https://doi.org/10.1053/j.gastro.2026.08.026
  2. Camilleri M. Leaky gut: mechanisms, measurement and clinical implications in humans. Gut. 2019;68(8):1516-1526. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC6790068/
  3. Camilleri M, Vella A. What to do about the leaky gut. Gut. 2022;71(2):424-435. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC9028931/
  4. Odenwald MA, Turner JR. The intestinal epithelial barrier: a therapeutic target? Nat Rev Gastroenterol Hepatol. 2017;14(1):9-21. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC5554468/
  5. Quigley EMM. Gut bacteria in health and disease. Gastroenterol Hepatol (N Y). 2013;9(9):560-569. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3983973/
  6. Balsiger LM, van Gils T, Hatem Y, et al. Intra- and interobserver variability of acute food-induced reactions during confocal laser endomicroscopy: an international multicenter validation study. Neurogastroenterol Motil. 2025;37(7):e70031. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/40145462/

Sobre el autor
N.º de colegiado: 282852688

Gastroenterólogo y endoscopista intervencionista. Director Científico de ICAdig y Médico Adjunto del Servicio de Aparato Digestivo del Hospital Universitario 12 de Octubre de Madrid, donde ha alcanzado el nivel de Consultor Senior. Doctor en Medicina y Profesor Asociado de la Universidad Complutense de Madrid.

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